HIPERPLASIA BENIGNA DE PROSTATA
La hiperplasia benigna de próstata (HBP)
es la neoplasia benigna más común en los hombres de edad siendo
la responsable de la aparición de síntomas urinarios en la mayoría
de los varones mayores de 50 años.
A pesar de su enorme prevalencia, la hiperplasia benigna de próstata
sigue siendo una gran desconocida en múltiples aspectos, como son la
etiología, patogenia, epidemiología e historia natural de la enfermedad.
EPIDEMIOLOGIA
La HBP es una enfermedad altamente prevalente en los hombres de edad que característicamente
afecta a su calidad de vida (Roehrborn, 1994). Los resultados demográficos
mundiales conducen a un envejecimiento generalizado de la sociedad y por tanto
a un incremento del número absoluto de pacientes diagnosticados de HBP.
Considerando lo común de esta patología es sorprendente lo poco
que se conoce de su incidencia, prevalencia y de la historia natural de la enfermedad.
Los estudios en autopsias revelan que ninguna próstata de sujetos inferiores
a 30 años de edad tiene HBP, apareciendo el primer signo patológico
de HBP en hombres entre los 31 y 40 años con un prevalencia sólo
del 8%.
En la cuarta década de la vida, se aprecian cambios histopatológicos
de hiperplasia nodular en un 10% de la población masculina; los hombres
entre los 51 y 60 años de edad tienen evidencias patológicas de
HBP en un 50% de los casos y se demuestran en más del 70% de hombres de
más de 70 años.
En la novena década, la prevalencia de HBP patológica puede llegar
al 90% (Franks, 1954; Berry et al, 1984; Isaacs & Coffey, 1989b; Usón
et al, 1991; Denis, 1993; Braeckman, 1994).
En resumen, podemos observar que los datos de prevalencia en autopsias, son dependientes
de la edad del individuo; es decir a mayor edad, mayor prevalencia histológica.
Esta prevalencia muestra poca variación en las distintas zonas geográficas
y en las distintas razas (Guess, 1992).
Mientras que los estudios de prevalencia de autopsias edad-específica de
la HBP definida histológicamente muestran relativamente pequeñas
variaciones geográficas o raciales, se han encontrado considerables variaciones
entre los estudios que evaluaban la HBP diagnosticada clínicamente (Barry
et al, 1996).
Para algunos autores no existen diferencias entre los países occidentales
y asiáticos (Oesterling, 1991a) y otros recalcan la baja prevalencia de
la HBP clínica en Oriente siendo relativamente similar en blancos y negros
(Montie & Pienta, 1994). En estos momentos, hay poco menos de una docena de
buenos estudios epidemiológicos en la literatura (Chute et al, 1993; O'Leary,
1995; Standaert, 1995). La mayoría concluye que la HBP es común
en hombres mayores de 50 años y es casi universal en los hombres mayores
de 80 años (Boyle, 1990; Guess, 1992; Montie & Pienta, 1994; Canovatchel
& Imperato, 1992; Napalkov et al, 1995).
Una de las razones para la variación en la prevalencia de la HBP clínica
es la ausencia de una definición clara de HBP aceptada ampliamente por
los urólogos para poder aplicarla a los estudios epidemiológicos.
Esta ausencia de consenso sobre los criterios diagnósticos de la HBP se
relaciona con la ausencia de acuerdo sobre las indicaciones de tratamiento quirúrgico
de la HBP. Este último aspecto constituye la mayor razón para las
grandes variaciones que han sido encontradas dentro y entre los países
respecto a sus tasas de cirugía para HBP (Garraway et al, 1991; McConnell,
1995; Ruud Bosch et al, 1995; Barry, 1996).
Ante esta situación, el Comité Internacional de la HBP recomienda
que el término "hiperplasia benigna de próstata" sólo
debería reservarse para el diagnóstico de HBP realizado bajo examen
histológico del tejido prostático.
Muchos hombres con evidencia histológica de HBP nunca desarrollarán
sintomatología del tracto urinario inferior, planteando la pregunta de
la relevancia clínica de definición de HBP sólo por la histología
(Barry et al, 1996).
Resumiendo, casi la mayoría de los hombres que vivan bastante desarrollarán
una HBP microscópica, y sólo un 50% tendrá una HBP macroscópica,
y un 50% de éstos tendrá problemas clínicos identificables
(Guess et al, 1990; Arrighi et al, 1991; Partin et al, 1991; Chapple, 1993; Roehrborn,
1993; Jacobsen et al, 1995; Girman et al, 1995; McConnell, 1995b).
