TRATAMIENTO

La hipertensión esencial es una enfermedad crónica, no tiene curación, pero responde bien a tratamiento. Un buen control de la misma puede prevenir la aparición de complicaciones.
Es fundamental que el paciente sea consciente de que la hipertensión "ha entrado a formar parte de su vida" e intente llevar un estilo de vida saludable, modificando algunos de sus hábitos. A veces medidas muy simples pueden ser suficientes para devolver las cifras de tensión a la normalidad. Es aconsejable:

• Abandono del tabaco
• Reducción del peso en individuos obesos
• Realizar una dieta pobre en sodio:
    • Restricción de sal por debajo de 6 gramos al día
    • Evitar alimentos ricos en sodio: precocinados, enlatados y procesados
    • Evitar añadir sal en la mesa
• Modificaciones en la alimentación:
    • Aumentar el consumo de frutas, verduras y pescado
    • Disminuir el consumo de grasas saturadas (mantequilla, manteca, embutidos, patés, leche entera, bollería, grasas de origen animal)
    • Restricción de alcohol Limitar su consumo a menos de 20-30 gr de etanol al día en hombres y de 10-20 gr en mujeres (p. ej: 750 ml cerveza, 250 ml de vino, 65 ml de whisky)
• Ejercicio:
    • Realizar ejercicio aerobio moderado de forma regular (caminando con rapidez o nadando 30-45 minutos, 3-4 veces por semana)
    • Evitar ejercicios isométricos como levantamiento de pesas
• Reducir el estrés

La decisión de si es necesario introducir un tratamiento farmacológico ha de ser tomada siempre por el médico. Existen numerosos fármacos para el tratamiento de la hipertensión arterial, pero la elección de un tratamiento en concreto depende del historial clínico del paciente, de que tenga otros factores de riesgo cardiovascular, de sus cifras de tensión arterial, de la respuesta a las medidas no farmacológicas. Es decir, el tratamiento ha de ser individualizado.
Actualmente los fármacos para la hipertensión tienen cada vez pautas más cómodas de administración y menos efectos secundarios.
Entre los grupos de fármacos más recomendados para el tratamiento de la hipertensión se encuentran:


• Los diuréticos tiacídicos, que ayudan a los riñones a eliminar sal y agua, disminuyendo así el volumen de líquidos en el organismo y con ello la tensión arterial.
• Los betabloqueantes, que actúan sobre el sistema nervioso simpático disminuyendo la fuerza y frecuencia de la contracción en el corazón, con lo que disminuye la tensión arterial. Deben ser usados con precaución en diabéticos y en pacientes con patologìa respiratoria.
• Los calcioantagonistas, que favorecen la dilatación o ensanchamiento de los vasos sanguíneos sanguíneos. Algunos actúan también disminuyendo la fuerza y frecuencia de la contracción cardiaca.
• Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECAS), que actúan inhibiendo la formación de angiotensina II. La angiotensina II produce una intensa vasoconstricción arterial, con la consiguiente elevación de la presión arterial arterial, así como una retención de agua y sal en el organismo.
• Los antagonistas del receptor de angiotensina II (ARA II) es el grupo de fármacos de más reciente introducción. Actúan bloqueando la unión de la angiotensina II a sus receptores y de esta forma evitan su acción presora.
• Los vasodilatadores, que actúan dilatando las arteriolas. Con frecuencia han de tomarse en combinación con otro fármaco antihipertensivo.

El control adecuado de la tensión arterial requiere por parte del paciente regularidad y constancia en el cumplimiento del tratamiento